Retóricas
“La cisterna contiene; el manantial rebosa”
William Blake, de “Proverbios del infierno”
Mudos abrazos,
decanatos, herejías,
… vamos de la mano
muriendo cada día,
naciéndose la vida
extrañando la acción
de la dada palabra.
¡Qué extrañas las palabras!
Retórica mortaja,… silencio,
claridad,… vestida de duda
y el ego resume al ego
sumergido entre las manos
danzándose a los vientos
alicaídas van como iban
las cabezas,
anudadas las gargantas
sordinas lastimeras
gargantas iracundas,
prostitutas del lamento
ufánense de los tiempos,
… ufanos.
- ayer, fue madrugada,
hoy, corso al alba
salvando el sacrificio:
haciendo fila los muertos
por salvar a los vivos
de días oscuros, hoy.
se les ven como ángeles,
como auroras boreales
girando en los contornos
del amor y su desguance
pobres vivos dicen los muertos
pobres muertos dicen los vivos
y los vivos no vivimos la gracia
de ser ceros infernales.
¡cuánto tiempo yerto!
¡cuánta salvaje agonía!
surcaba el mundo al mundo
en busca ¿de qué?
Caín sin Abel,
Amazonas con sexos
en los opuestos
dispuestos al amor,…
Y ya que confundo.-
mar con agonía,
silencio con espanto,
ruido con emboscada.-
y ya que no me conforma
planeta cristal con plan inhumano,
¡oye! dame al menos día
la luz de la gala
de no morirme nunca,
si vivir no es sólo esperas vacuas
rondando círculos sinfín,
desangradas leyendas
espiándose a sí mismas,
clonándose de miedos,
reservas,… ¡líquenes!
Y ya que hoy confundo
la confusión misma
de quién va conmigo,
si he confundido la mano yerma
con la yema de mi dedo,…
mano entera que al fuego le retiro
el hoy.
quiero verme sin más espejos
alucinando eternidades
que por eternas no me alcanzan
sin tumbas en mis ramos
sin rosas en mis flechas
aunque se yerre mi osadía
bebiendo al ego como aperitivo.
Delego,… nada, ya nada más
es…
pero.
Y no es que me falte valor,
… me sobra cansancio.
Aún más, ya nada vale
que no sea pecho a tierra
bebiendo manantiales.
Centinela inanimado,
piadoso dador de los eternos
que ves que callé sollozándote,
dame al menos algo:
¡llévame al sol! ¡lléveme cuna!
al descenso elevado
justo en el centro,
sin más opuestos:
ni cielos, ni infiernos.

Fuensanta González®
A 1 de mayo de 2010
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